Esto empezó en un puesto de fruta.
Antes de ser una empresa, Pesito fue algo que Isaías aprendió de niño, parado junto a su abuela en un puesto de fruta a la orilla de la carretera.
Cerezas, duraznos, pepinos, flor de calabaza. Mesas plegables y cajas de plástico. Su abuela vendía fruta para ayudar a mantener a la familia, y él la acompañaba.
Cuando el dinero se gana así, aprendes a contarlo. Un dólar nunca fue una cifra en una pantalla. Era el mandado de la semana. Era la medicina, la renta, un pastel de cumpleaños.
Por eso en su mundo las remesas tampoco eran números. Eran el trabajo completo de una persona, convertido en algo que su familia podía comer, usar o celebrar. Y cada vez que ese dinero cruzaba la frontera, alguien en el camino se quedaba con una parte.
Por qué existe Pesito.
Isaías creció, aprendió a construir software y terminó trabajando en infraestructura de pagos. La pregunta no lo soltó: ¿por qué mandarle tu propio dinero a tu propia familia cuesta tanto?
Pesito es su respuesta. Una cartera para el dinero que se mueve entre Estados Unidos y México, donde la comisión planeada es 1% de lo que envías y nunca pasa de $1 USD. Ves la tarifa y el tipo de cambio antes de confirmar. Nada se esconde en la letra chiquita.
Una cosa más, porque preferimos decírtelo de frente: todavía no lanzamos. Pesito está en pre-lanzamiento y las transferencias aún no están disponibles. Lo que sí puedes hacer hoy es apuntarte en la lista de espera y ver cómo lo construimos, paso a paso, en nuestra ruta pública.
Esto no es solo una empresa de tecnología financiera. Es nuestra manera de asegurar que más familias se queden con más de lo que tanto les costó ganar.